El control se refiere a la capacidad de obtener una conducta concreta bajo ciertas condiciones. El bienestar se refiere al estado global del organismo: cómo procesa el entorno, cómo gestiona el estrés y cómo se recupera tras él.
Una conducta controlada no garantiza bienestar. El bienestar, en cambio, suele facilitar conductas estables. Confundir ambos conceptos es uno de los errores más frecuentes en el trabajo con comportamiento.

