La convivencia no es difícil si existe estructura y previsibilidad. El problema aparece cuando se interpreta que necesita estimulación constante. La sobreestimulación mantiene al organismo en activación alta y reduce su capacidad de descanso. Desde un enfoque conductista, la clave está en reforzar estados emocionales estables y no solo conductas visibles. Cuando aprende que descansar también tiene valor, la convivencia mejora notablemente.