No necesariamente. Estar entrenado no es sinónimo de estar equilibrado. El equilibrio implica regulación emocional, capacidad de recuperación tras el estrés y flexibilidad ante cambios. Un organismo puede ejecutar conductas con precisión y, aun así, mantener niveles de activación elevados o una baja tolerancia a la frustración.

El equilibrio no se mide por la rapidez de respuesta, sino por la estabilidad interna con la que se produce. Cuando se confunde control con bienestar, se corre el riesgo de reforzar estados de hipervigilancia que pasan desapercibidos hasta que dejan de ser funcionales.