Esta pregunta es clave, porque a menudo se confunden ambos conceptos. Un perro puede estar físicamente cansado y, aun así, emocionalmente alterado.
Aumentar el ejercicio sin criterio en perros muy activados suele generar más resistencia, más excitación y menos capacidad de parar. No todo se soluciona corriendo más.
En muchos casos, lo que falta no es movimiento, sino aprendizaje de calma, rutinas predecibles y experiencias que ayuden a regular el sistema nervioso. Saber diferenciarlo cambia por completo el enfoque.