Dos perros lanzados señales de Calma, un lamiendo la nariz y el otro bostezando

Señales de calma de Turid Rugaas: lo que la ciencia confirmó y lo que conviene revisar

Bostezar para calmar a tu perro no funciona. Y no es lo único que el libro más famoso sobre lenguaje canino necesita actualizar.

Aprende a leer a tu perro con nosotros
Por Adolfo Serrano Lectura de 25 minutos 10 estudios científicos

Si alguna vez has bostezado delante de tu perro para tranquilizarlo, lo aprendiste, directa o indirectamente, de Turid Rugaas. Y probablemente no sirvió de nada. El único estudio que lo ha medido encontró que, en los perros que respondían bostezando, el cortisol, la hormona del estrés, no bajaba: se quedaba alto.

El lenguaje de los perros: las señales de calma es un clásico, y a mí me encanta. Enseñó a millones de personas que su perro habla, y gracias a él muchos perros han dejado de ser castigados por "no hacer caso". Pero se escribió a base de observación, no de experimentos, y la última edición revisada, de 2006, solo cambió los dibujos por fotografías. Mientras tanto, la ciencia ha ido a comprobar lo que dice.

El resultado: Rugaas acertó en lo esencial y se equivocó en tres cosas concretas. Aquí te las cuento, con los estudios delante.

El resumen en 30 segundos

Acertó

Estas conductas existen y ayudan a apagar peleas. Cuando un perro recibe una agresión y responde girando la cabeza o lamiéndose, el otro se calma en 8 de cada 10 casos (Universidad de Pisa, 2017).

Revisar

El bostezo no es un mensaje para calmar a otros. Es, sobre todo, la forma en que el propio perro suelta tensión. Por eso bostezarle tú no le tranquiliza.

Revisar

Que tu perro haga estas señales no significa que tenga miedo. Aparecen cuando no sabe qué va a pasar, cuando avisa de que algo no le gusta, e incluso en reencuentros felices con su dueño.

Revisar

No todos los perros tienen las mismas señales. Un Cavalier King Charles conserva 2 de los patrones de comunicación del lobo; un Husky siberiano, 15. Y cada perro aprende a usar las suyas según su historia.

Quién es Turid Rugaas y qué propone su libro

Turid Rugaas es una adiestradora y educadora canina noruega. Su web la presenta como adiestradora canina internacional, y ese es el marco correcto para leer su obra. Algunas fuentes divulgativas, incluida la Wikipedia en inglés, la describen como etóloga, pero su trabajo es observacional: décadas mirando perros con mucha atención, no estudios experimentales con grupos de control. Esto no le resta valor, porque la observación cuidadosa es el punto de partida de cualquier ciencia, pero sí nos dice cómo tratar sus afirmaciones: como hipótesis muy bien fundadas en la práctica que después hay que contrastar.

La tesis central del libro, On Talking Terms with Dogs: Calming Signals, es que los perros disponen de un "lenguaje de la paz": un conjunto de unas 30 conductas con las que evitan y resuelven conflictos. Entre las más conocidas están girar la cabeza o el cuerpo, lamerse la nariz, bostezar, olfatear el suelo, caminar despacio, quedarse inmóvil, sentarse, tumbarse, caminar en curva y la reverencia de juego. Según la autora, el perro las usa con otros perros y también con nosotros, y cuando no las entendemos, o peor, las castigamos, dañamos al perro. Su ejemplo típico es el de un dueño que llama al perro con voz dura; el perro responde lamiéndose la nariz, bostezando o girándose para calmarlo, y el dueño lo interpreta como desobediencia y se enfada todavía más.

Ese ejemplo resume por qué el libro ha tenido tanto impacto: coloca al perro como un individuo que comunica, y al humano como alguien que tiene que aprender a escuchar. En eso, no tengo nada que objetar.

«No se usan como señales de apaciguamiento para interrumpir un encuentro agresivo.»

Giulia Pedretti y colaboradores, Universidad de Parma y Konrad Lorenz Institute of Ethology (Viena). Applied Sciences, 2023. Traducción propia.

«Estas conductas no funcionan como simples indicadores de estrés.»

Giacomo Riggio, Chiara Mariti y colaboradores, Departamento de Ciencias Veterinarias, Universidad de Pisa. The Veterinary Quarterly, 2026. Traducción propia.

Cronología: de la observación al laboratorio

Para entender por qué tiene sentido revisar el libro ahora, ayuda ver cómo ha evolucionado el estudio de estas conductas:

  1. 1952. Niko Tinbergen describe las actividades de desplazamiento: conductas normales que aparecen fuera de contexto cuando el animal está en conflicto motivacional. Es el concepto etológico del que parte buena parte de la investigación posterior.
  2. 1971–1972. Michael W. Fox estudia las señales sociales de los cánidos y observa en lobos conductas capaces de bloquear una interacción, incluso agresiva.
  3. Finales de los años 80. Turid Rugaas empieza a describir lo que llama señales de calma, a partir de su trabajo diario con perros en Noruega.
  4. 1997. Goodwin, Bradshaw y Wickens (Universidad de Southampton) demuestran que el repertorio de señales varía enormemente entre razas.
  5. 2006. Segunda edición del libro en inglés, con fotografías a color.
  6. 2013. Rugaas publica en su web el texto «Calming Signals – The Art of Survival», donde reafirma que las señales son universales y que todos los perros las conocen todas.
  7. 2014. Buttner y Strasser (Universidad de Nebraska en Omaha) estudian el bostezo contagioso en perros de refugio midiendo cortisol.
  8. 2017. Año clave: Mariti y colaboradores (Universidad de Pisa) publican el primer estudio que pone a prueba las señales de calma de Rugaas; Firnkes y colaboradores analizan el lamido en la comunicación con humanos; y Karen Overall, veterinaria especialista en comportamiento y editora jefe del Journal of Veterinary Behavior, dedica un editorial crítico a los conceptos de apaciguamiento y señales de calma.
  9. 2023. El equipo de Pedretti (Universidad de Parma) publica dos estudios que no encuentran más de estas conductas en situaciones de amenaza.
  10. 2026. Riggio, Mariti y colaboradores (Universidad de Pisa) concluyen, con 64 perros y medición hormonal, que su significado depende del contexto y del estado interno de cada perro.

Lo que Turid Rugaas acertó (y por qué su libro sigue siendo valioso)

Empiezo por aquí porque una revisión honesta tiene que reconocer lo que el tiempo ha confirmado, y es bastante.

Existen conductas con efecto apaciguador entre perros

El estudio de Chiara Mariti y su equipo en la Universidad de Pisa (Journal of Veterinary Behavior, 2017) fue el primero en poner a prueba, con metodología científica, las conductas que Rugaas describe como señales de calma. Observaron a 24 perros, 12 machos y 12 hembras, en cuatro encuentros sin correa de 5 minutos cada uno con perros distintos: conocidos y desconocidos, del mismo sexo y del contrario. En total registraron 2.130 de estas conductas. Las más frecuentes fueron girar la cabeza, lamerse la nariz, quedarse inmóvil y darse la vuelta.

El resultado más interesante: en el 67 % de los casos, el perro que recibía una conducta agresiva respondía con al menos una de estas señales, y cuando lo hacía, el agresor rebajaba su agresividad en el 79,4 % de las ocasiones. Solo en el 5,5 % la agresividad aumentaba. Es decir, hay una base real para la intuición de Rugaas: cuando el conflicto ya ha empezado, estas conductas se asocian a que el conflicto se apague.

Ahora bien, el mismo estudio aporta un dato que ya matiza el libro: las agresiones nunca fueron precedidas por una señal de calma del otro perro. Y, como señalaron después los investigadores de Parma, el diseño no permitía saber si estas conductas previenen que una amenaza se convierta en agresión. Confirma su efecto después del conflicto, no necesariamente antes.

No castigar las señales y no forzar encuentros

El segundo gran acierto es práctico. Rugaas insiste en que no hay que castigar a un perro que se gira, se lame o se sienta cuando le hablamos con dureza, en que no hay que obligarle a acercarse de frente a otro perro y en que hay que dejarle trazar curvas en los encuentros. Todo eso es coherente con lo que hoy sabemos sobre aprendizaje y bienestar: castigar una conducta que el perro usa para gestionar una situación incómoda no elimina la incomodidad, solo le quita una herramienta. Si te interesa el porqué desde la teoría del aprendizaje, lo explicamos en detalle en refuerzo positivo frente a refuerzo negativo.

Mirar al perro como alguien que comunica

El tercer acierto es de enfoque. Antes de Rugaas, buena parte del adiestramiento popular interpretaba casi cualquier conducta en clave de dominancia o sumisión. Su libro desplazó la pregunta de "¿quién manda?" a "¿qué me está diciendo?". Esa pregunta es la correcta, y la investigación actual la mantiene. Lo que ha cambiado es la respuesta: resulta que el perro dice más cosas, y más variadas, de lo que el libro propone.

Aprender a leer a tu perro es la base de todo lo demás

En Centro Canino Valentia trabajamos con el perro y con su familia a la vez, porque la mitad del problema suele estar en cómo interpretamos lo que el perro hace. Si quieres que te enseñemos a observar a tu perro en situaciones reales, con criterio y sin etiquetas simplistas, cuéntanos tu caso.

Ver cómo trabajamos

Primera revisión: el mismo saco para señales comunicativas y conductas de autorregulación

Aquí es donde el libro necesita, a mi juicio, la corrección más importante. Y conviene plantearla con precisión, porque es fácil caricaturizarla.

Lo que Rugaas sí dice, y lo que no distingue

No es cierto que Rugaas ignore que el perro también se calma a sí mismo. Ella describe las señales como una forma de calmarse a uno mismo y de calmar a los demás. El problema es otro: mete ambas funciones en la misma categoría y no ofrece ningún criterio para distinguir cuándo una conducta es un mensaje dirigido a otro individuo y cuándo es una respuesta interna del propio perro a su estado de activación. Todo cae bajo la misma etiqueta: señal de calma.

La diferencia no es académica. Una señal comunicativa es una conducta que ha evolucionado, o se ha aprendido, para modificar el comportamiento de quien la recibe. Una conducta de desplazamiento o de autorregulación es una conducta que aparece porque el animal está en conflicto o activado, y que puede tener efectos sobre el propio animal sin que vaya dirigida a nadie. La etología sabe desde Tinbergen que muchas señales evolucionan a partir de conductas de este segundo tipo mediante un proceso llamado ritualización. Por eso la frontera es difusa y hay que estudiarla caso por caso, no resolverla por decreto.

El caso del bostezo

El bostezo es el ejemplo más claro de esta confusión. En su texto de 2013, Rugaas lo presenta como señal de calma y enumera cuándo aparece: cuando alguien se inclina sobre el perro, cuando hay gritos en casa, en el veterinario, cuando alguien camina directo hacia él, cuando las sesiones de entrenamiento son demasiado largas... y también cuando el perro está excitado de alegría y anticipación, por ejemplo en la puerta antes de salir de paseo. Ese último caso ya debería hacernos sospechar: si el perro bosteza de pura ilusión delante de la puerta, ¿a quién está intentando calmar?

La literatura científica lo tiene bastante claro. En una tabla de revisión publicada en Animal Cognition (Pedretti et al., 2023), los investigadores recopilaron cómo clasifica cada autor estas conductas. El bostezo aparece como indicador de estrés o conducta de desplazamiento en trabajos de Handelman, Pastore, Landsberg, Cafazzo, Howell y Feyrecilde, y Townsend y Gee. Como señal de apaciguamiento solo lo clasifican Rugaas y Aloff, ambas autoras de libros divulgativos de lenguaje canino publicados por la editorial Dogwise, no de estudios experimentales. Los estudios clásicos de Beerda y su equipo (1998), que midieron cortisol y frecuencia cardiaca ante distintos estímulos, ya lo situaban entre las respuestas asociadas al estrés.

Y los estudios que han puesto a prueba la hipótesis del apaciguamiento no la respaldan. En el experimento de Pedretti y colaboradores con vídeos (Applied Sciences, 2023), 56 perros vieron a otro perro ladrando de forma amenazante o jadeando tranquilamente. Si el bostezo sirviera para calmar a un congénere amenazante, debería aparecer más ante la amenaza. Ocurrió lo contrario: bostezar, olfatear, parpadear y lamerse la nariz aparecieron con más frecuencia ante el perro neutro. Ante la amenaza, los perros miraban más y adelantaban las orejas; estaban atentos, no "calmando".

El error práctico: bostezar para calmar a tu perro

La consecuencia más visible de meter el bostezo en el saco de la comunicación es una recomendación que se ha extendido muchísimo: bostezar delante del perro para tranquilizarlo. El propio libro se promociona diciendo que aprenderás a reconocer las señales y a usarlas tú mismo, y el DVD que lo acompaña muestra cómo usarlas para calmar a tu perro.

Mito: bostezar delante de tu perro le ayuda a calmarse

No hay ningún estudio que lo demuestre, y el que más se acerca apunta en la dirección contraria. Alicia Phillips Buttner y Rosemary Strasser, del Departamento de Psicología de la Universidad de Nebraska en Omaha, expusieron a 60 perros de refugio a una persona desconocida que bostezaba o que hacía un gesto de control sin bostezar, y midieron el cortisol en saliva antes y después (Animal Cognition, 2014). Doce perros bostezaron solo en respuesta al bostezo humano. En esos perros, el cortisol se mantuvo elevado, mientras que en el resto bajó respecto a su nivel inicial.

La interpretación de los autores es que el bostezo humano, en un contexto estresante, puede aumentar la activación de algunos perros, y que eso les lleva a bostezar. Dicho de otro modo: tu bostezo no le transmite calma; en algunos perros puede sumar tensión. Si quieres calmar a un perro, lo que funciona es reducir la presión: dar distancia, girar el cuerpo, bajar el ritmo y dejar que sea él quien decida acercarse.

Mi conclusión en este punto es la siguiente: la evidencia apoya bastante más el bostezo como indicador de activación o tensión del propio perro que como mensaje que calme al receptor. No digo que nunca pueda tener un componente comunicativo; los propios investigadores de Parma dejan abierta esa posibilidad en situaciones ambiguas. Lo que digo es que presentarlo como una herramienta de comunicación que el humano puede usar a voluntad no tiene respaldo, y que confundir "mi perro se está regulando" con "mi perro me está pidiendo que me calme" lleva a lecturas equivocadas en el día a día.

Segunda revisión: una señal de calma no es un diagnóstico de miedo

El segundo punto requiere, de nuevo, precisión. Rugaas no escribe que estas conductas signifiquen miedo. Su marco es el del conflicto: las señales sirven para evitar peleas y mantener la paz. Pero el libro, al meter tantas conductas en una categoría vinculada al estrés y al conflicto, y al asociarlas constantemente a situaciones amenazantes (alguien que se inclina, que grita, que camina de frente), ha favorecido una lectura muy extendida: si mi perro hace esto, es que tiene miedo o lo está pasando mal.

Esa lectura está por todas partes en la divulgación en español. Basta buscar "señales de calma" para encontrar páginas, incluidas algunas de clínicas veterinarias, que afirman que Rugaas identificó señales que indican ansiedad, miedo o estrés. Es una simplificación que el libro no impide, y que la investigación posterior no respalda.

Lo que muestran los estudios: incertidumbre, no necesariamente miedo

Los datos más recientes dibujan un panorama distinto. En su estudio con 53 perros (Animal Cognition, 2023), el equipo de Giulia Pedretti hizo que dos personas desconocidas se acercaran a cada perro, una de forma levemente amenazante (inclinada, mirándolo fijamente) y otra de forma neutra. Si estas conductas fueran respuestas de miedo o de apaciguamiento ante la amenaza, deberían aparecer más ante la persona amenazante. No fue así: no aumentaron en la condición de amenaza. Lo que sí encontraron es que parpadear, lamerse la nariz y pasarse la lengua por los labios eran más probables en los perros que no ladraban ni se abalanzaban, fuera cual fuera la condición. Es decir, se asociaban más a la actitud del perro que a la situación.

Su segundo estudio con vídeos, ya citado, llevó a los autores a una conclusión muy concreta: estas conductas no aparecen para interrumpir un encuentro agresivo, sino en contextos ambiguos, cuando el comportamiento del otro es difícil de predecir. Esa es exactamente la idea que defiendo cuando digo que el perro no necesariamente tiene miedo: está gestionando una situación que no sabe cómo va a acabar, y con frecuencia está advirtiendo de que algo no le gusta o de que necesita más información antes de comprometerse.

El trabajo de Firnkes y colaboradores (Journal of Veterinary Behavior, 2017) apunta en la misma dirección desde otro ángulo. Estudiaron el lamido de labios en perros ante personas que se acercaban de forma muy amenazante, levemente amenazante o amistosa. El lamido se asociaba a una actitud de sumisión activa (orejas atrás, cola en movimiento, postura baja, conducta de saludo), pero no aparecía en las situaciones de amenaza alta, donde los perros pasaban a estrategias defensivas. En saludos amistosos con desconocidos, lo mostraron el 59 % de los perros que se acercaban con actitud sumisa y el 32 % de los que se acercaban con actitud sociable y confiada.

También aparecen en momentos positivos

El estudio más reciente es quizá el más revelador. Giacomo Riggio, Chiara Mariti y su equipo de la Universidad de Pisa (The Veterinary Quarterly, 2026) usaron la prueba de la situación extraña, un protocolo de apego con episodios de separación y reencuentro con el dueño, en 64 perros, y midieron cortisol, oxitocina y temperatura. Si conductas como lamerse los labios o levantar la pata fueran indicadores directos de estrés, deberían dispararse cuando el perro se queda solo. No ocurrió. Levantar la pata apareció más en los reencuentros con el cuidador que cuando el perro se quedaba con un desconocido, y el lamido fue más frecuente en los reencuentros que cuando el perro estaba solo. En los perros con apego seguro, además, el lamido se asoció a una bajada de cortisol y una subida de oxitocina; en los perros con apego ansioso, la relación con la oxitocina fue la contraria.

Los autores concluyen que estas conductas no tienen una carga emocional fija y que su significado depende del contexto y del estado interno de cada perro. Llegan a recomendar que se deje de etiquetarlas como "conductas de desplazamiento" o "señales de apaciguamiento" como si cada una llevara incorporada una motivación concreta. Es la crítica más directa, desde el mismo grupo que en 2017 dio el primer respaldo experimental al trabajo de Rugaas.

Mito: si tu perro se lame la nariz o gira la cabeza, tiene miedo

Puede tenerlo, pero es solo una de las posibilidades. La evidencia muestra que estas conductas aparecen en situaciones ambiguas, durante la atención social, en la anticipación de algo agradable y en reencuentros con su persona de referencia. Leerlas siempre como miedo tiene dos costes: patologizamos a perros que están perfectamente, y dejamos de ver lo que de verdad nos dicen, que a menudo es "esto no me gusta", "necesito más espacio" o "no sé qué va a pasar". Una advertencia no es un pánico.

Esto tiene consecuencias muy prácticas. Un perro que advierte con conductas sutiles y es escuchado aprende que esas conductas funcionan y no necesita escalar. Un perro al que se sobreprotege porque se le ve "muerto de miedo" cuando solo estaba negociando puede acabar con menos experiencias sociales de las que necesita. Y un perro al que se ignora porque "solo se está lamiendo" puede verse obligado a subir el tono. Lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre socialización canina según la ciencia.

¿Tu perro "avisa" y nadie parece entenderlo?

Muchos de los casos de reactividad que atendemos empezaron con avisos sutiles que se interpretaron mal, en un sentido o en el otro. Si tu perro se tensa en encuentros, en casa o con visitas, podemos ayudarte a distinguir qué está comunicando y cómo responder.

Consulta tu caso con nosotros

Tercera revisión: un repertorio universal e innato que la morfología y la experiencia desmienten

Este es, en mi opinión, el punto más sólido de la revisión, porque aquí no hace falta interpretar: basta con leer lo que la autora escribe y compararlo con los datos.

Lo que afirma el libro

En su texto de 2013, Rugaas es tajante: todos los perros conocen todas las señales; las señales son internacionales y universales; todos los perros del mundo tienen el mismo lenguaje, de modo que un perro de Japón se entendería sin problemas con un elkhound de un valle aislado de Noruega. Añade que cualquier señal siempre se responde con otra señal. Son afirmaciones muy fuertes, y además difíciles de refutar tal como están formuladas: si un perro no responde con una señal visible, siempre se puede decir que respondió con una que no vimos.

Lo que dicen los datos: la morfología limita el repertorio

Deborah Goodwin, John Bradshaw y Stephen Wickens, de la Universidad de Southampton, publicaron en 1997 en Animal Behaviour un estudio que contradice directamente la idea de un repertorio universal. Analizaron grupos de 10 razas elegidas por lo distintas que son físicamente del lobo, y contaron cuántos patrones de señalización ancestrales (de los que el lobo usa en interacciones de dominancia y sumisión) empleaba cada raza. El rango fue de 2 patrones en el Cavalier King Charles a 15 en el Husky siberiano, y el número se correlacionaba con lo mucho o poco que la raza se parece al lobo según un panel de 14 consultores de comportamiento canino.

La explicación es la pedomorfosis: la selección humana ha fijado en muchas razas rasgos juveniles, y con ellos se han perdido señales propias del adulto. A eso se suman limitaciones físicas evidentes: orejas caídas que apenas se mueven, pelo que tapa los ojos, colas amputadas o enroscadas, hocicos chatos que cambian la expresión facial. Un perro no puede "decir" con las orejas lo que sus orejas no pueden hacer. La propia Rugaas lo intuye cuando comenta que los perros negros o de cara muy peluda usan más el lamido porque su expresión es menos visible, pero no saca la consecuencia: si el perro compensa, es que su repertorio no es el mismo que el de los demás.

La experiencia y el aprendizaje también cuentan

El libro presenta estas conductas como un lenguaje con el que el perro nace. Y en parte lo es: muchas tienen una clara base filogenética. Pero omite algo que cualquier educador canino ve a diario: la experiencia modula qué conductas usa cada perro, con quién y con qué frecuencia.

La investigación en esta línea va en aumento. Kerswell y colaboradores estudiaron en 2010 (Behavioural Processes) a 115 cachorros de entre 8 y 20 semanas, de más de 30 razas, en clases de socialización, para analizar cómo la experiencia temprana con perros de morfologías distintas se relaciona con su señalización social. En la revisión que acompaña a ese trabajo se recoge una hipótesis planteada ya por Bradshaw y Brown (1990) y Goodwin y colaboradores (1997): que la pérdida de señales visuales podría compensarse con otras nuevas, por selección genética o por aprendizaje. Es una hipótesis, no un hecho demostrado, y así hay que presentarla. Pero basta para cuestionar un repertorio fijo.

Hay otro dato que refuerza esta idea. Kaminski y colaboradores demostraron en 2017 (Scientific Reports) que las expresiones faciales de los perros cambian según si la persona les está prestando atención o no. Si la producción de estas conductas depende de la audiencia, no son reflejos automáticos idénticos en todos los individuos, sino conductas sensibles al contexto social y, por tanto, susceptibles de aprendizaje.

Y desde la teoría del aprendizaje la conclusión es casi inevitable. Cualquier conducta que va seguida de una consecuencia que el perro valora tiende a repetirse. Si cada vez que un perro gira la cabeza, la persona que lo agobiaba se retira, ese giro de cabeza queda reforzado negativamente y el perro lo usará más, y de forma más dirigida. Si un perro aprende que tumbarse ante otro perro le da acceso al juego, lo usará como herramienta. Son conductas con base innata, sí, pero moldeadas por su historia. Omitir esa dimensión es omitir la mitad del cuadro. Lo explicamos con detalle en psicología del aprendizaje en perros.

Una contradicción dentro del propio libro

Hay un detalle revelador. Entre los beneficios que la editorial destaca del libro está aprender a rehabilitar a un perro que ha perdido su capacidad de leer o emitir señales de calma. Y en su texto, Rugaas advierte de que algunos perros castigados por usar sus señales dejan de usarlas, incluso con otros perros. Estoy completamente de acuerdo con ambas cosas. Pero si un repertorio se puede perder por la experiencia y recuperar con trabajo, entonces no es un lenguaje universal e idéntico en todos los perros: es un repertorio que depende de la historia de cada individuo. El propio libro contiene la prueba de lo que no termina de decir.

El libro frente a la evidencia: tabla resumen

Lo que dice el libroLo que dice la evidenciaVeredicto
Existen conductas con las que los perros rebajan la tensión en un conflicto.Tras una agresión, estas conductas se asociaron a desescalada en el 79,4 % de los casos (Mariti et al., 2017).Confirmado, al menos una vez iniciado el conflicto.
Las señales previenen los conflictos antes de que empiecen.No aumentan ante amenazas; aparecen más en situaciones ambiguas o neutras (Pedretti et al., 2023, dos estudios).No demostrado; los datos apuntan a otra función.
El bostezo es una señal de calma que el humano puede usar.Mayoritariamente clasificado como indicador de estrés; el bostezo humano mantuvo el cortisol alto en perros que lo imitaron (Buttner y Strasser, 2014).Revisar: no hay respaldo para usarlo como herramienta.
Estas conductas se asocian a estrés y conflicto.Aparecen también en reencuentros con el dueño y en anticipación positiva; su significado depende del contexto (Riggio et al., 2026).Matizar: no son indicadores simples de estrés ni de miedo.
Todos los perros conocen todas las señales; son universales.El repertorio varía de 2 a 15 patrones según la raza (Goodwin et al., 1997).Refutado tal como está formulado.
Son un lenguaje con el que el perro nace.Las expresiones cambian según la atención humana (Kaminski et al., 2017) y el propio libro admite que se pierden y se recuperan.Incompleto: falta la dimensión aprendida.
No hay que castigar estas conductas ni forzar encuentros.Coherente con la teoría del aprendizaje y con la investigación sobre bienestar.Plenamente vigente.

La ciencia avanza; tu forma de entender a tu perro también puede hacerlo

En Centro Canino Valentia llevamos más de 11 años ayudando a más de 500 familias a entender a sus perros sin fuerza ni castigo. Trabajamos con lo que la investigación dice hoy, no con lo que se repetía hace veinte años.

Empieza con una evaluación de tu perro

Cómo leer estas conductas hoy: tres preguntas antes de interpretar

Si no podemos traducir cada conducta con un diccionario fijo, ¿qué hacemos? La respuesta que da la investigación reciente, y la que aplicamos en nuestro método Psicodog, es cambiar el diccionario por un análisis. Antes de decidir qué significa un lamido, un giro de cabeza o un bostezo, hazte tres preguntas.

1. ¿Qué está pasando alrededor?

El contexto es la primera fuente de significado. Un bostezo delante de la puerta antes del paseo, otro en la consulta del veterinario y otro tumbado en el sofá a las once de la noche son el mismo movimiento con tres significados distintos. Anota qué acaba de pasar, quién está cerca, a qué distancia y si la situación es nueva o conocida para el perro. Muchas veces el contexto ya descarta la mitad de las interpretaciones.

2. ¿Qué hace el resto del cuerpo?

Una conducta aislada dice poco. Un lamido de nariz con el cuerpo suelto, la cola a media altura y la boca relajada no es lo mismo que un lamido con el cuerpo rígido, la mirada fija y el peso echado hacia atrás. Observa las orejas, la tensión de la boca, la posición del peso, la cola y la dirección de la mirada. Los perros comunican con conjuntos, no con gestos sueltos.

3. ¿Qué pasa después?

La consecuencia te da información sobre la función. Si el perro gira la cabeza y, cuando el otro perro se aparta, se relaja, probablemente estaba pidiendo espacio. Si bosteza y a continuación se sacude y se va a explorar, probablemente estaba soltando tensión. Si se lame y después se acerca a saludar con el cuerpo bajo, puede estar negociando un saludo. Observar lo que ocurre después, y lo que el perro hace cuando la situación cambia, es lo que convierte una suposición en una lectura fundada.

Esta forma de trabajar exige más atención que aprenderse una lista de 30 señales, pero es mucho más fiable, y es la que enseñamos a las familias en nuestras clases de educación canina. Si quieres saber más sobre el enfoque, lo contamos en cómo trabajamos como educadores caninos en Valencia.

Cuatro ejercicios de observación para hacer esta semana

El registro de cinco minutos

Siéntate cerca de tu perro cinco minutos al día sin interactuar y anota cada lamido, bostezo, sacudida o giro de cabeza junto a lo que ocurría en ese momento. En una semana verás patrones que antes no veías.

El encuentro en curva

En el paseo, cuando se acerque otro perro, dale al tuyo espacio para trazar una curva en lugar de pasar de frente. Observa si baja la cabeza, olfatea o se gira, y qué hace el otro perro en respuesta.

La prueba del cambio de postura

Cuando le hables, prueba a hacerlo de pie inclinado sobre él y después agachado de lado. Compara qué conductas aparecen en cada caso. Es la forma más rápida de ver cuánto influye tu cuerpo en el suyo.

El momento positivo

Observa a tu perro justo antes de algo que le encanta: la comida, la correa, tu llegada a casa. Si aparecen lamidos, bostezos o patas levantadas, ya tienes la prueba de que no siempre significan malestar.

Cuando la conducta tiene una causa física

Antes de interpretar cualquier conducta en clave comunicativa o emocional, hay que descartar que no tenga un origen físico. Lamerse con frecuencia, bostezar mucho o levantar una pata pueden tener causas médicas.

Lamido persistente

Un lamido de labios o de nariz muy frecuente, fuera de cualquier contexto social, puede estar relacionado con molestias digestivas, náuseas o problemas en la boca. Si lo observas de forma repetida, consúltalo con tu veterinario.

Pata levantada

Levantar una pata puede ser una conducta social, pero también un signo de dolor en una extremidad. Si el perro evita apoyarla, cojea o se la lame, la prioridad es una revisión veterinaria.

Bostezos muy frecuentes

Un aumento brusco de los bostezos, sobre todo si va acompañado de cambios en el apetito, el sueño o la actividad, merece una consulta. El veterinario valorará si hay una causa física antes de pensar en lo conductual.

Cambios repentinos de conducta

Si tu perro empieza a mostrar de golpe conductas que antes no tenía, acude primero al veterinario y, si todo está bien, a un especialista en comportamiento veterinario. El dolor es una de las causas más frecuentes de cambios de conducta.

Señales de calma en el día a día en Valencia

En una ciudad como Valencia, muchos de los encuentros entre perros ocurren en situaciones que ponen a prueba justo lo que hemos visto: aceras estrechas donde es imposible trazar una curva, zonas de esparcimiento canino donde los perros se juntan en poco espacio y paseos muy concurridos, como los del Jardín del Turia, en los que el perro recibe estímulos constantes de personas, bicicletas y otros perros.

En estos contextos, las conductas que Rugaas describe aparecen continuamente, y leerlas bien marca la diferencia. Un perro que olfatea el suelo de repente cuando ve venir a otro por una acera estrecha probablemente está gestionando un encuentro que no puede evitar. Darle unos metros más, cruzar o pararse a un lado suele bastar. Tirar de la correa para que "siga andando" hace justo lo contrario: le quita la posibilidad de gestionar la distancia. Si tu perro tira o se tensa en estos encuentros, el material que uses también influye; lo analizamos en arnés o collar: qué dice la ciencia.

Si vives en Valencia o alrededores, en nuestro centro de Aldaia podemos trabajar contigo estos encuentros de forma progresiva, para que tanto tu perro como tu familia aprendáis a leer y a respetar esos avisos antes de que haga falta subir el tono.

Una invitación a revisar un clásico

Turid Rugaas hizo algo que pocos consiguen: cambió la forma en que millones de personas miran a sus perros. Su libro abrió una puerta que la ciencia ha cruzado después, y lo que ha encontrado al otro lado es más complejo, más matizado y, en muchos aspectos, más interesante que lo que el libro describe.

Casi tres décadas después de que empezara a difundirse, creo que el libro merece una revisión que haga tres cosas: separar las conductas que funcionan como señales dirigidas a otros de las que reflejan el estado interno del propio perro, empezando por el bostezo; dejar claro que estas conductas no son sinónimo de miedo, sino que pueden expresar incertidumbre, advertencia, negociación o incluso anticipación positiva; y reconocer que el repertorio de cada perro depende de su morfología y de su historia de aprendizaje. Nada de eso le quita valor al mensaje central del libro. Al contrario: lo hace más útil.

Mientras esa revisión no llega, la recomendación que doy a las familias es sencilla: leed el libro, porque os enseñará a mirar; pero no lo uséis como un diccionario. Usad el contexto, el cuerpo entero y las consecuencias. Y cuando tengáis dudas, preguntad a alguien que trabaje con la evidencia actual.

¿Quieres entender de verdad lo que te dice tu perro?

Ven a conocernos. Valoramos a tu perro, te explicamos qué vemos y diseñamos un plan de trabajo para los dos, basado en la evidencia y sin castigo.

Reserva tu primera sesión

Preguntas frecuentes sobre las señales de calma

¿Qué son las señales de calma en perros?

Es el nombre que la adiestradora noruega Turid Rugaas dio a un conjunto de unas 30 conductas, como girar la cabeza, lamerse la nariz, olfatear el suelo, caminar en curva o bostezar, que según ella los perros usan para evitar conflictos y calmarse a sí mismos o a otros. En la literatura científica se estudian bajo otros nombres, como señales de apaciguamiento o conductas de desplazamiento, y su función todavía se discute.

¿Quién es Turid Rugaas?

Turid Rugaas es una adiestradora y educadora canina noruega, autora del libro On Talking Terms with Dogs: Calming Signals, publicado en español como El lenguaje de los perros: las señales de calma. Su trabajo se basa en la observación durante décadas, no en estudios experimentales; ella misma se presenta en su web como adiestradora canina internacional.

¿Tienen base científica las señales de calma?

En parte. Un estudio de la Universidad de Pisa (Mariti et al., 2017) observó que, cuando un perro mostraba estas conductas tras recibir una agresión, el otro perro rebajaba su agresividad en el 79,4 % de los casos. Sin embargo, estudios posteriores de la Universidad de Parma (Pedretti et al., 2023) y de nuevo de Pisa (Riggio et al., 2026) indican que no aparecen más en situaciones de amenaza y que no son simples indicadores de estrés: su significado depende del contexto.

¿Por qué bosteza mi perro si no tiene sueño?

Fuera del cansancio, el bostezo se asocia en la literatura científica sobre todo a estados de activación o tensión, y numerosos autores lo clasifican como indicador de estrés o conducta de desplazamiento. También aparece en momentos de excitación positiva, como antes de salir de paseo. Para interpretarlo hay que mirar el contexto y el resto del cuerpo; si es muy frecuente o aparece junto a otros cambios, conviene consultar al veterinario.

¿Debo bostezar para calmar a mi perro?

No hay evidencia de que funcione. En un estudio con 60 perros de refugio (Buttner y Strasser, 2014), los perros que bostezaron en respuesta al bostezo humano mantuvieron el cortisol elevado, y los autores concluyeron que el bostezo humano en un contexto estresante puede aumentar la activación del perro. Es más útil reducir la presión: dar distancia, girar el cuerpo, bajar el ritmo y dejar que el perro elija.

¿Una señal de calma significa que mi perro tiene miedo?

No necesariamente. La investigación reciente muestra que estas conductas aparecen sobre todo en situaciones ambiguas, cuando el perro no puede predecir qué hará el otro, y también en contextos positivos como los reencuentros con su dueño. Pueden indicar incertidumbre, incomodidad, negociación o simplemente atención social. El miedo es una posibilidad, no la única lectura.

¿Todos los perros usan las mismas señales de calma?

No. Aunque Rugaas afirma que todos los perros conocen todas las señales y que son universales, un estudio de la Universidad de Southampton (Goodwin, Bradshaw y Wickens, 1997) encontró que el número de patrones de señalización ancestrales variaba de 2 en el Cavalier King Charles a 15 en el Husky siberiano, según lo que se parece cada raza físicamente al lobo. La experiencia y el aprendizaje también modulan qué conductas usa cada perro.

¿Sigue mereciendo la pena leer el libro de Turid Rugaas?

Sí, como punto de partida. Enseña a observar al perro, a no castigar sus señales y a no forzar encuentros, y eso sigue siendo válido. Lo recomendable es leerlo junto a la investigación posterior, que matiza tres puntos: no todas esas conductas son señales dirigidas a otros, no equivalen a miedo y no forman un repertorio idéntico en todos los perros.

Referencias científicas

  1. Beerda B, Schilder MBH, van Hooff JARAM, de Vries HW, Mol JA (1998). Behavioural, saliva cortisol and heart rate responses to different types of stimuli in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 58, 365–381. doi:10.1016/S0168-1591(97)00145-7
  2. Buttner AP, Strasser R (2014). Contagious yawning, social cognition, and arousal: an investigation of the processes underlying shelter dogs' responses to human yawns. Animal Cognition, 17(1), 95–104. doi:10.1007/s10071-013-0641-z
  3. Firnkes A, Bartels A, Bidoli E, Erhard M (2017). Appeasement signals used by dogs during dog–human communication. Journal of Veterinary Behavior, 19, 35–44. doi:10.1016/j.jveb.2016.12.012
  4. Goodwin D, Bradshaw JWS, Wickens SM (1997). Paedomorphosis affects agonistic visual signals of domestic dogs. Animal Behaviour, 53(2), 297–304. doi:10.1006/anbe.1996.0370
  5. Kaminski J, Hynds J, Morris P, Waller BM (2017). Human attention affects facial expressions in domestic dogs. Scientific Reports, 7, 12914. doi:10.1038/s41598-017-12781-x
  6. Kerswell KJ y colaboradores (2010). The relationships between morphological features and social signalling behaviours in juvenile dogs: the effect of early experience with dogs of different morphotypes. Behavioural Processes.
  7. Mariti C, Falaschi C, Zilocchi M, Fatjó J, Sighieri C, Ogi A, Gazzano A (2017). Analysis of the intraspecific visual communication in the domestic dog (Canis familiaris): a pilot study on the case of calming signals. Journal of Veterinary Behavior, 18, 49–55. doi:10.1016/j.jveb.2016.12.009
  8. Overall KL (2017). Appeasement, calming signals, and information capture: how do our subjects tell us what matters to them? Journal of Veterinary Behavior, 19, v–viii. doi:10.1016/j.jveb.2017.04.001
  9. Pedretti G, Canori C, Biffi E, Marshall-Pescini S, Valsecchi P (2023). Appeasement function of displacement behaviours? Dogs' behavioural displays exhibited towards threatening and neutral humans. Animal Cognition, 26(3), 943–952. doi:10.1007/s10071-023-01742-9
  10. Pedretti G, Canori C, Marshall-Pescini S, Pavan G, Valsecchi P (2023). Behavioural analysis of dogs' response to threatening and neutral conspecific video stimuli. Applied Sciences, 13(16), 9254. doi:10.3390/app13169254
  11. Riggio G, Borrelli C, Atilgan D, Russo G, Diverio S, Mariti C (2026). Rethinking dog stress behaviours: contextual and physiological insights from the attachment framework. The Veterinary Quarterly, 46(1), 2682284. doi:10.1080/01652176.2026.2682284
  12. Rugaas T (2006). On Talking Terms with Dogs: Calming Signals (2.ª ed.). Dogwise Publishing. Edición en español: El lenguaje de los perros: las señales de calma, KNS Ediciones.
  13. Rugaas T (2013). Calming Signals – The Art of Survival. en.turid-rugaas.no

Sobre el autor

Adolfo Serrano es educador canino y fundador de Centro Canino Valentia, en Aldaia (Valencia). Con más de 11 años de experiencia y más de 500 familias acompañadas, ha desarrollado el método Psicodog, un enfoque de aprendizaje conjunto para el perro y su familia basado en la psicología canina, la psicología del aprendizaje y de la motivación.

Centro Canino Valentia · Camino Pessebret, s/n, 46960 Aldaia, Valencia · +34 668 88 88 86 · Adiestramiento canino en Valencia