No siempre, pero sí es frecuente encontrar más inseguridad, dependencia emocional o reactividad en líneas muy miniaturizadas.

También influye muchísimo cómo los trata el entorno.

Muchos perros pequeños viven sobreprotegidos, son manipulados constantemente o apenas desarrollan autonomía emocional real. Eso puede generar muchísima inseguridad social.

La genética influye, pero la convivencia diaria suele tener todavía más peso.