
El método del éxito puesto a tu servicio
Con nuestra metodología testada y comprobada, te va a ser fácil obtener nuevos clientes y grandes resultados
En CCV, Formamos futuros emprendedores que apuestan por un negocio seguro
Enseñamos el funcionamiento íntegro de todo el negocio, administración, contabilidad, marketing
Minimizamos los fallos, siempre acompañado de profesionales que han pasado por lo mismo que tú
Se valiente, invierte en Centros Canino Valentia
Nosotros ya lo vimos, tú aún estás a tiempo de vivir del trabajo con el que has estado soñando
30k
Usuarios
85%
Incremento de ventas

No es lo mismo, trabajar con perros que…
Entenderlos, estar a la última en formación, ser uno de los mejores
y ganar dinero
Si te sientes identificado con lo que estás leyendo, estás en el lugar correcto CCV es tu sitio.


El método del éxito es nuestro,
Miles de clientes nos avalan, ahora falta tu valentía para hacer lo que siempre has soñado.
La raza puede aumentar la probabilidad de encontrar este perfil, especialmente en razas seleccionadas para control del entorno o atención fina, pero no lo determina por completo.
No siempre. Los perros muy sensibles suelen encajar mejor en entornos relativamente previsibles y con menor sobrecarga de estímulos constantes. La compatibilidad depende del estilo de vida de la persona.
No. Dentro de este perfil existen diferencias importantes según el carácter individual, la historia de aprendizaje y la capacidad de adaptación de cada perro.
No. La sensibilidad no es un problema, sino una característica funcional. Puede ser una ventaja en determinados contextos y un reto en otros, dependiendo del entorno y del estilo de vida.
Es un tipo de perro que percibe y procesa con mayor intensidad los estímulos del entorno, como movimientos, sonidos o presencia social. Esta sensibilidad forma parte de su perfil y condiciona cómo vive la convivencia diaria.
Sí. Convivir con un perro tranquilo no significa renunciar a compartir paseos, juegos o actividades. Significa que el perro puede disfrutar de esos momentos sin necesitar mantenerse activado todo el tiempo cuando el contexto es de descanso.
En muchos casos no se debe a falta de ejercicio, sino a una activación mal gestionada. Rutinas imprevisibles, estimulación constante o una necesidad aprendida de controlar el entorno pueden dificultar que el perro desconecte, incluso cuando está cansado.
La raza orienta, pero no determina. Existen razas que, por su origen funcional, tienden a adaptarse mejor a la vida doméstica tranquila, pero el carácter individual, las experiencias tempranas y el entorno influyen de forma decisiva en la convivencia.
No. Un perro puede tener energía para la actividad y, aun así, ser tranquilo en casa. La diferencia está en su capacidad para alternar activación y descanso sin frustración ni hipervigilancia. Energía y calma no son opuestos.
Un perro tranquilo en casa es aquel que sabe regularse en contextos de baja estimulación. No vive en alerta constante, puede descansar de forma profunda y no necesita actividad continua para estar estable. La tranquilidad no implica pasividad, sino equilibrio interno.
Existen razas tradicionalmente asociadas al trabajo físico, como el Border Collie o el Malinois, pero más allá de la raza es importante valorar el carácter individual, el entorno y las expectativas de convivencia.
Es frecuente observar dificultad para descansar, hipervigilancia o frustración si no se atienden sus necesidades emocionales. Estos comportamientos no indican un mal carácter, sino un desajuste en la gestión de la activación.
No. La dificultad aparece cuando solo se trabaja la actividad y no la estabilidad emocional. Un perro activo bien acompañado puede convivir de forma tranquila y equilibrada dentro de casa.
La actividad diaria es importante, pero no basta por sí sola. Muchos perros activos necesitan aprender a desconectar y a gestionar la calma. Sin regulación, aumentar el ejercicio puede generar más activación y menos equilibrio.
Un perro para hacer deporte suele tener buena resistencia física, motivación y capacidad de mantener foco. Sin embargo, también es fundamental que pueda aprender a regular su activación y descansar cuando la actividad termina.
No. Un perro tranquilo es aquel que sabe descansar y desconectar cuando el contexto lo permite. La tranquilidad tiene más que ver con autorregulación que con nivel de actividad.
Un perro sensible responde con facilidad a estímulos visuales, sociales o ambientales. Esto no es un problema en sí, pero requiere un acompañamiento adecuado para evitar estados de alerta constante o estrés.
No necesariamente. Muchos perros activos necesitan aprender a regular su activación más que acumular actividad. Sin ese trabajo previo, aumentar el ejercicio puede incluso empeorar la convivencia.
No. La raza marca tendencias, pero el carácter individual, el aprendizaje y el contexto influyen de forma decisiva. Dos perros de la misma raza pueden comportarse de manera muy diferente según su historia y su entorno.
No se trata solo de elegir una raza, sino de entender el nivel de energía, el carácter y la función para la que fue seleccionado ese tipo de perro. Analizar tu entorno, rutinas y expectativas es clave para evitar desajustes en la convivencia.
No. Es un recurso más que se utiliza cuando encaja con el perfil y el momento de cada caso, siempre de forma controlada.
El servicio de estancia se apoya en nuestra base como centro de educación canina. Esto permite observar, acompañar y gestionar el comportamiento cuando es necesario, sin convertir la estancia en un programa de entrenamiento.
No. La convivencia, las actividades y los descansos se gestionan según cada perfil, evitando interacciones innecesarias y priorizando el equilibrio.
Valoramos cada caso de forma previa. Esto nos permite asegurar que el servicio encaja y que podemos ofrecer una experiencia adecuada dentro de nuestras posibilidades de gestión.
Nuestro centro se encuentra en Aldaia (Valencia), con fácil acceso y un entorno pensado para poder gestionar bien las estancias.
La educación es determinante porque moldea cómo se expresa su potencial. No se trata de enseñar muchas órdenes, sino de construir una relación clara entre conducta y consecuencia, respetando el umbral y la activación del individuo. Cuando se prioriza la comprensión frente al rendimiento, el Border Collie suele mostrar una estabilidad que sorprende incluso a quienes llevan tiempo conviviendo con la raza.
Cuando no se cubren necesidades emocionales y cognitivas, el organismo busca salidas. Esto puede manifestarse en conductas repetitivas, hipervigilancia o dificultad para relajarse. No es una “mala actitud”, es adaptación. Identificar la función de la conducta es siempre más útil que corregirla sin contexto.
Puede serlo si hay supervisión y educación adecuada. El control del movimiento forma parte de su herencia funcional. En presencia de niños, esto puede expresarse de forma incómoda si no se gestiona. No es agresividad, sino función descontextualizada. Cuando se estructura la interacción y se ofrecen alternativas, la convivencia suele ser positiva.
Las conductas aparecen por la interacción entre organismo, aprendizaje y entorno. En Border Collie, su rapidez para aprender hace que también adquiera con facilidad patrones poco funcionales si estos se refuerzan. Activación constante, falta de pausas o presión excesiva bajan el umbral de respuesta. En CCV observamos que modificar las contingencias suele ser más eficaz que centrarse en la conducta aislada.
La convivencia no es difícil si existe estructura y previsibilidad. El problema aparece cuando se interpreta que necesita estimulación constante. La sobreestimulación mantiene al organismo en activación alta y reduce su capacidad de descanso. Desde un enfoque conductista, la clave está en reforzar estados emocionales estables y no solo conductas visibles. Cuando aprende que descansar también tiene valor, la convivencia mejora notablemente.
No se puede afirmar que el Border Collie tenga problemas de comportamiento por definición. Lo que se observa con frecuencia son conductas que resultan difíciles de gestionar en contextos modernos. Esto suele deberse a un desajuste entre su predisposición genética y las contingencias del entorno. Al ser muy sensible al aprendizaje, cualquier incoherencia se adquiere rápido. En nuestro trabajo diario observamos que, cuando se ajustan expectativas y se trabaja la regulación emocional, muchas conductas disminuyen sin necesidad de intervenciones intensivas.
Tiene sentido cuando el objetivo es claro, el organismo está preparado y el contexto lo justifica. No tiene sentido cuando se busca una solución global a problemas complejos de convivencia. La clave no está en la etiqueta, sino en el análisis funcional previo.
Porque se ha trabajado la forma sin atender al fondo. Cuando se elevan criterios sin respetar umbrales, se incrementa la presión sin ofrecer herramientas de regulación. Esto puede generar aprendizaje respondiente negativo, asociando el trabajo o el entorno a estados de estrés.
El empeoramiento no siempre es inmediato. A veces aparece cuando el sistema deja de sostener la exigencia.
El control se refiere a la capacidad de obtener una conducta concreta bajo ciertas condiciones. El bienestar se refiere al estado global del organismo: cómo procesa el entorno, cómo gestiona el estrés y cómo se recupera tras él.
Una conducta controlada no garantiza bienestar. El bienestar, en cambio, suele facilitar conductas estables. Confundir ambos conceptos es uno de los errores más frecuentes en el trabajo con comportamiento.
En términos generales, no como enfoque principal. La convivencia diaria requiere habilidades distintas: comunicación, adaptación, gestión emocional y aprendizaje contextualizado. El K9 no fue creado para eso.
Esto no significa que no se puedan usar herramientas concretas, pero siempre adaptadas y dentro de un marco educativo más amplio. Aplicar el enfoque completo sin ajustes suele generar más rigidez que soluciones reales.
No necesariamente. Estar entrenado no es sinónimo de estar equilibrado. El equilibrio implica regulación emocional, capacidad de recuperación tras el estrés y flexibilidad ante cambios. Un organismo puede ejecutar conductas con precisión y, aun así, mantener niveles de activación elevados o una baja tolerancia a la frustración.
El equilibrio no se mide por la rapidez de respuesta, sino por la estabilidad interna con la que se produce. Cuando se confunde control con bienestar, se corre el riesgo de reforzar estados de hipervigilancia que pasan desapercibidos hasta que dejan de ser funcionales.
El adiestramiento K9 no está diseñado para solucionar problemas de comportamiento entendidos como dificultades emocionales, de adaptación o de convivencia. Su función principal es entrenar respuestas concretas bajo contingencias específicas, no reorganizar el sistema emocional del organismo.
Cuando se aplica a problemas de comportamiento sin un análisis previo, puede generar una mejora aparente a corto plazo, ya que incrementa el control externo sobre la conducta. Sin embargo, si no se trabaja la función que cumple esa conducta ni el estado interno que la sostiene, el problema suele reaparecer en otro formato o en otro contexto.
El comportamiento no es solo lo que se ve. Es la expresión de un organismo que aprende, se adapta y responde a su entorno. Ignorar esto es reducir el aprendizaje a una secuencia mecánica que rara vez se sostiene en el tiempo.
Depende de qué conducta esté ocurriendo, del nivel de activación y de cómo lo hagas. En términos conductistas, el refuerzo se define por su efecto: si después de tu intervención una conducta aumenta su probabilidad, es que ha habido refuerzo de esa conducta. Eso no significa “reforzar el miedo” como si fuera una orden que el perro decide ejecutar, pero sí significa que tu respuesta puede mantener o aumentar ciertas conductas (por ejemplo, buscar tu contacto, llorar, intentar escapar o evitar un estímulo).
A la vez, no todo es operante. Hay aprendizaje emocional por asociación: tu tono, tu postura, el contacto físico o incluso acercarte pueden funcionar como estímulos que cambian el estado del organismo. En muchos casos, una presencia calmada y predecible ayuda a bajar activación y favorece que el perro procese mejor lo que ocurre. En otros, si tu intervención añade urgencia o confirma que “está pasando algo grave”, puede aumentar la sensibilización.
La forma más segura de plantearlo es esta: acompaña sin dramatizar, reduce demanda, aumenta distancia si hace falta y trabaja siempre por debajo del umbral. Si el perro está desbordado, el objetivo no es “corregir”, es recuperar capacidad de aprendizaje. Si este tipo de miedo se repite o se generaliza, conviene trabajar con un profesional para diseñar exposiciones progresivas y recondicionamiento emocional.
Cuando no entiendes por qué ocurre una conducta, cuando lo que pruebas no funciona o cuando el problema afecta al bienestar del perro o a la convivencia familiar, es buen momento para pedir ayuda.
También es recomendable hacerlo cuando hay miedo, reactividad, conflictos por recursos o cualquier conducta que vaya en aumento. Cuanto antes se entienda la causa, más sencillo y seguro es el proceso.
Un buen profesional no se limita a corregir conductas, sino que te ayuda a comprender qué necesita tu perro y cómo acompañarlo mejor en su aprendizaje, como trabajamos en Centro Canino Valentia.
Esta pregunta es clave, porque a menudo se confunden ambos conceptos. Un perro puede estar físicamente cansado y, aun así, emocionalmente alterado.
Aumentar el ejercicio sin criterio en perros muy activados suele generar más resistencia, más excitación y menos capacidad de parar. No todo se soluciona corriendo más.
En muchos casos, lo que falta no es movimiento, sino aprendizaje de calma, rutinas predecibles y experiencias que ayuden a regular el sistema nervioso. Saber diferenciarlo cambia por completo el enfoque.
Aprender no depende solo de repetir ejercicios. Depende del estado emocional en el que se encuentra el perro cuando se le pide aprender.
Si el nivel de estrés o excitación es alto, el cerebro prioriza reaccionar, no procesar información nueva. En ese estado, el aprendizaje es muy pobre o inexistente.
Muchas veces no falta constancia ni método, sino bajar el nivel de activación y adaptar el aprendizaje al momento adecuado. Cuando el perro puede pensar, aprende mucho más rápido de lo que parece.
Algunas conductas leves pueden atenuarse con la maduración, pero la mayoría no desaparecen solas. Lo que suele ocurrir es que el perro aprende a repetir lo que le funciona o a evitar lo que le genera malestar, y eso consolida el problema.
El tiempo, por sí solo, no enseña autocontrol, ni tolerancia a la frustración, ni seguridad. Si no hay un aprendizaje guiado, el comportamiento se vuelve más automático y más difícil de modificar.
Actuar antes no significa hacer algo drástico, sino entender qué está pasando y ajustar el entorno y las experienciaspara que el perro pueda aprender sin desbordarse.
Es una de las consultas más habituales y tiene una explicación clara. En casa, el entorno es predecible, controlado y con pocos estímulos nuevos. En la calle, todo cambia: ruidos, olores, personas, otros perros y situaciones que se mueven constantemente.
El problema no suele ser de obediencia, sino de gestión emocional. El perro puede comportarse con normalidad en contextos que entiende, pero verse superado cuando el nivel de activación sube y no tiene herramientas para regularlo.
Cuando esto ocurre, aparecen tirones, ladridos o reacciones que no se ven en casa. No es incoherencia, es falta de recursos emocionales en ese entorno concreto. El trabajo no pasa por exigir más, sino por enseñar a gestionar mejor ese contexto.
El ritmo del trabajo lo marca el propio perro. Gracias al espacio del centro y a la forma de trabajar, es posible adaptar las sesiones para avanzar de manera progresiva, respetando los tiempos necesarios antes de introducir nuevas situaciones o estímulos.
Depende de cada caso. Algunos cambios se perciben desde las primeras sesiones y otros requieren más tiempo. El objetivo no es la rapidez, sino que los avances se consoliden y se mantengan en el día a día.
a educación canina permite trabajar situaciones como tirones de correa, dificultades en la convivencia, miedos, reactividad y ansiedad por separación, entre otros. Cada caso se aborda de forma progresiva, adaptando el trabajo a la situación concreta del perro y de la familia, con el objetivo de mejorar la gestión emocional y lograr cambios estables que se mantengan en el día a día.
Las sesiones se realizan en grupo, con una estructura y un control que permite trabajar socialización, autocontrol y convivencia de forma real. Este formato facilita que el aprendizaje se transfiera al día a día y no se quede solo en un contexto aislado.
Sí. Nuestro centro está ubicado en Aldaia y trabajamos con familias de Valencia y poblaciones cercanas. Muchas personas se desplazan hasta el centro porque contamos con un espacio amplio y preparado para realizar sesiones de educación y adiestramiento en grupo en un entorno controlado.
El adiestramiento canino se centra principalmente en enseñar órdenes concretas. La educación canina va un paso más allá y trabaja la gestión emocional, la socialización y la convivencia diaria. En nuestro centro de Aldaia ayudamos a que el perro aprenda a desenvolverse con equilibrio en situaciones reales, no solo a responder a comandos.
No, para nada en la mayoría de los casos la inversión se recuperará en un promedio de dos a cuatro meses.
Por supuesto, es más que sabido que actualmente hay mas perros en casa que niños y esto va a más. Prueba de ello es que se están haciendo cada vez más leyes para regular el mundo de las mascotas.
Se calcula que el retorno de toda la inversión será muy rápido, seguramente en menos de dos años, aunque hay muchos factores que pueden influir.

¿Quieres montar un negocio y no sabes por dónde empezar?
¿Tienes miedo a fracasar? ¿A emprender y que no sea rentable?Olvídate de tus miedos y sé valiente.
Con nosotros esto es muy sencillo, te vamos a asesorar y formar en cada paso que tengas que dar
No malgastes tu dinero, tu tiempo y tus energías, esa es la fórmula del fracaso, déjanos ayudarte a conseguirlo
Nuestro conocimiento puesto a tu servicio, juntos lo lograremos.
Centros de referencia en educación canina
Invierte en un negocio emergente
Our consultation is always in sync with your strategy
Si quieres invertir pero no tienes tiempo, nosotros te proporcionamos el equipo de trabajo. Si tienes capital para invertir y lo que necesitas son empleados, no dudes en preguntar, nosotros los formaremos para que sean ellos los que lo lleven como si fuera suyo.
Tú sólo te preocupas de ganar dinero.

